Marco Ético

1. No están todas las que son, pero son todas las que están.

Es decir, asumimos que además de nosotras, hay muchas mujeres, ong y redes que comparten estos objetivos y estos sueños. Tal vez no están acá porque todavía no supimos comunicarnos con ellas, porque aun están pensando la propuesta o porque aunque compartan estas ideas no quieren o no pueden, en este momento, acompañarnos. Lo importante es que sabemos que no somos las únicas que estamos trabajando y defendiendo los derechos sexuales y los derechos reproductivos. Pero las que estamos acá, somos y estamos. Es decir: además de los objetivos y los sueños, compartimos estrategias, metodologías y cronogramas. Tenemos derechos y obligaciones. Somos responsables. Y por si hace falta aclararlo: somos feministas. Los criterios de participación en esta campaña deben ser absolutamente claros: podemos preferir una comisión directiva cuyas integrantes sean elegidas a título personal o pueden representar a las ong o a las redes; podemos preferir que la comisión sea rotativa o eterna; podemos preferir que tenga una sede o tres o ninguna; que haya distintos niveles nacionales y regionales, y asi sucesivamente. Pero sean los que sean: los criterios de participación deben estar claros para todas.

2. Tantas letras tiene un “si”; como un “no”.

Este es un espacio donde todas potenciamos a todas. Nadie puede avanzar muy lejos si la mayoría de su fuerza debe usarla para cuidarse las espaldas. Ojalá pudieramos decir: “quedan prohibidos los resquemores y los chismes (aburridos) en los pasillos. Es obligatoria la confianza” Pero sí podemos habilitar la franqueza, el respaldo, la seguridad. Para eso, ser transparentes en las decisiones que tomemos es imprescindible. Ingedientes útiles para la receta (o el menú) de la transparencia: decidir quién o quiénes “deciden” sobre qué y en qué instancias, hablar claro, escuchar atentamente, respetar las decisiones, llevar actas, comunicarlas a todas y a tiempo.

3. No es oro todo lo que reluce.

La riqueza está en nosotras. No en las agencias de cooperación. Ellas tienen los recursos financieros que necesitamos para llevar adelante el “incalculable valor” de nuestras ideas, nuestro trabajo, nuestras luchas. Son muchas las agencias que mutuamente se pasan informaciones, directorios, fuentes, etc. En este espacio no queremos ser menos: en vez de “competir” entre nosotras, vamos a ser capaces de “compartir” los datos, elegir los momentos, potenciar las habilidades, apoyarnos, respaldarnos.

4. Del amor a la necesidad, de la necesidad al respeto.

Aprender a “reconocer” las dotes personales, las sabidurías y habilidades que individualmente cada una de nosotras puede tener, forma parte de un aprendizaje colectivo. Pero a su vez, este reconocimiento significa, también, que quien lo tiene sea capaz de ponerlo al servicio del objetivo central de la propuesta, de manera que su poder alimente el poder de todas. Reconocer las habilidades inherentes a cualquiera de nosotras, debería darnos tranquilidad y respaldo en vez de fomentar la necesidad de competir.